“Mis padres me apuntaron a Amalgama cuando era pequeño y mis amigos no entendían por qué estudiaba violín si es un instrumento “antiguo”. Pero un día, en mi casa, les toqué un par de piezas y les encantaron”.

Josep, Grupo infantil

“Todo empezó como una forma de llenar tiempo junto a mis amigas. Ahora he aprendido a escuchar y a entender la música de otra forma. Cada día espero las clases con más ganas”.

María, Grupo de adultos